Los Mejores Tratamientos para el Dolor Articular en 2026

Los Mejores Tratamientos para el Dolor Articular en 2026

Cuando una molestia deja de ser pasajera

La rodilla que duele al bajar escaleras. El hombro que molesta al levantar el brazo. La cadera que empieza a limitarte después de caminar o permanecer mucho tiempo de pie.

Muchas alteraciones musculoesqueléticas comienzan así: de forma gradual, intermitente y aparentemente inofensiva. Cuando estas señales se normalizan y el problema evoluciona sin un diagnóstico adecuado, el dolor puede persistir, la función deteriorarse y el cuadro avanzar hacia la cronicidad, haciendo que su manejo sea más complejo.

El dolor y la inflamación son síntomas, no un diagnóstico. Los analgésicos y antiinflamatorios pueden ayudar a controlarlos, pero disminuir el dolor no significa necesariamente haber identificado o tratado el problema que lo origina.

Cuando una molestia persiste, reaparece o comienza a limitar tus actividades, es momento de buscar un diagnóstico preciso. No se trata solo de quitar el dolor, sino de entender por qué duele, intervenir a tiempo y recuperar la función.

¿Qué tipo de dolor articular tienes?

No todo dolor es igual: entender su origen cambia el tratamiento

Cuando el dolor persiste, no basta con saber dónde duele; también es importante entender qué mecanismo lo está produciendo. Actualmente, el dolor musculoesquelético puede clasificarse en tres grandes mecanismos:

  • Dolor nociceptivo: aparece cuando existe activación de los receptores del dolor en tejidos como articulaciones, tendones, músculos, ligamentos o hueso. Es el mecanismo predominante en muchas lesiones musculoesqueléticas, procesos degenerativos e inflamatorios.
  • Dolor neuropático: se produce por una lesión o enfermedad del sistema nervioso somatosensorial. Puede sentirse como ardor, descargas eléctricas, hormigueo, entumecimiento o dolor irradiado.
  • Dolor nociplástico: ocurre cuando existe una alteración en el procesamiento del dolor y los síntomas no pueden explicarse completamente por el daño de los tejidos ni por una lesión nerviosa. Es especialmente relevante en algunos cuadros de dolor persistente o crónico.

Estos mecanismos pueden coexistir. Por eso, dos pacientes con el mismo diagnóstico estructural pueden experimentar dolores muy diferentes y no necesariamente responder al mismo tratamiento.

Además del mecanismo, durante la valoración médica analizamos dónde se origina el dolor: puede provenir de la propia articulación o de estructuras cercanas, como tendones, músculos, ligamentos o bursas.

Identificar dónde duele es importante; entender por qué duele es lo que permite dirigir el tratamiento.

El ejercicio terapéutico, el tratamiento del dolor articular más ignorado

Diferentes guias como las guías NICE (NG226) y y la de la Colegio Americano de Reumatología junto con la Arthritis Foundation (ACR/AF) respaldan al ejercicio como parte fundamental  del tratamiento en patologias articulares degenerativas que ocasionen dolor, inflamación e inestabilidad . Requiere de  un programa progresivo, individualizado y con un objetivo especifico. Evitar el movimiento puede reducir aun mas la capacidad funcional, una articulación no necesita ausencia de carga como se piensa en este tipo de padecimientos, necesita una carga adecuada a su capacidad actual.

Tratar la articulación también significa reducir los factores que la sobrecargan

No solo importa cuánto peso soporta una articulación, sino también cómo se distribuye esa carga.

Alteraciones en la marcha, debilidad muscular, desequilibrios biomecánicos o determinadas características del calzado pueden modificar la manera en que las fuerzas se transmiten a través de las piernas. En algunos pacientes, estos factores pueden contribuir a mantener o agravar los síntomas.

Por esta razón, el tratamiento del dolor articular no siempre debe centrarse exclusivamente en la zona que duele. Una valoración adecuada puede incluir el análisis de la fuerza muscular, movilidad, marcha, alineación de las extremidades, actividad física, calzado y control de peso.

En medicina del deporte, no solo buscamos tratar el dolor: buscamos entender por qué aparece, qué factores lo mantienen y qué podemos modificar para ayudarte a moverte mejor.

¿Vale la pena tomar suplementos?

Depende del paciente, del diagnóstico y del producto. Algunos suplementos pueden ofrecer una mejoría sintomática modesta, pero ninguno sustituye las intervenciones con mayor respaldo para el manejo de la artrosis: ejercicio terapéutico, fortalecimiento muscular, educación, actividad física y control del peso cuando está indicado.

También es importante recordar que los suplementos pueden producir efectos adversos o interactuar con medicamentos. Esto es especialmente relevante en personas que utilizan anticoagulantes o antiagregantes, o que presentan enfermedades gastrointestinales, hepáticas, renales u otras condiciones médicas.

La curcuma es, hasta ahora, el suplemento con mejor respaldo científico para la artrosis. Varias revisiones de estudios entre 2020 y 2025 muestran que puede reducir el dolor y la rigidez, y mejorar la función, con una tolerancia parecida a la de los antiinflamatorios en algunos ensayos. 

El omega-3 funciona mejor en artritis inflamatoria que en artrosis mecánica.

Antiinflamatorios y analgésicos: El objetivo no es simplemente “quitar el dolor”

Los analgésicos y antiinflamatorios pueden ser herramientas útiles, pero deben integrarse dentro de un plan que considere el diagnóstico, la fuerza muscular, la movilidad, el ejercicio, el peso corporal, las cargas deportivas y los factores biomecánicos de cada paciente.

Los medicamentos pueden ser útiles para controlar el dolor articular, pero su función principal es reducir los síntomas y facilitar el movimiento y la rehabilitación; no corrigen por sí mismos la causa de la artrosis ni regeneran el cartílago.

La elección del medicamento debe considerar la intensidad del dolor, la articulación afectada, el grado de dolor, afecciones dermatologicas, la edad y especialmente, los antecedentes gastrointestinales, cardiovasculares, renales y hepáticos del paciente por lo que su prescripcion debe hacerse unicamente por personal medico.

Fisioterapia para el dolor articular: recuperar movimiento, fuerza y función

Cuando una articulación duele, la reacción natural suele ser evitar el movimiento. Sin embargo, reducir demasiado la actividad puede provocar pérdida de fuerza muscular, rigidez y menor capacidad funcional, creando un círculo en el que el dolor conduce a menos movimiento y, a su vez, la falta de movimiento dificulta la recuperación.

El objetivo de una buena rehabilitación no debería ser únicamente conseguir que la articulación duela menos durante unas horas.La fisioterapia busca recuperar progresivamente las capacidades que pueden haberse perdido: movilidad, fuerza, estabilidad, equilibrio, coordinación y tolerancia a la carga.

Dependiendo de las necesidades de cada paciente, un programa puede incluir ejercicios de fortalecimiento, movilidad articular, entrenamiento aeróbico, equilibrio y control neuromuscular, así como ejercicios específicos para recuperar actividades cotidianas, laborales o deportivas.

La evidencia disponible demuestra que el ejercicio terapéutico puede producir mejorías en dolor, función física y calidad de vida en personas con artrosis de rodilla.

La supervisión profesional permite establecer un programa de acuerdo con el diagnóstico y las capacidades iniciales del paciente, además de ajustar los ejercicios, modificar las cargas y aumentar progresivamente la dificultad conforme mejora la función.En algunos estudios, la supervisión profesional ha conseguido ventajas adicionales en dolor y función, especialmente cuando facilita una mejor técnica, progresión y adherencia al tratamiento.

Ondas de choque: una herramienta para el dolor musculoesquelético persistente

Cuando el dolor de un tendón o de los tejidos que rodean una articulación persiste a pesar del tratamiento inicial, la terapia extracorpórea con ondas de choque (ESWT) puede ser una alternativa no invasiva en determinadas lesiones musculoesqueléticas.

A diferencia de los tratamientos cuyo objetivo es únicamente proporcionar un alivio inmediato del dolor, las ondas de choque generan estímulos mecánicos sobre los tejidos. Estos estímulos pueden desencadenar diferentes respuestas biológicas entre ellos la modulación de las vías del dolor, cambios en la respuesta inflamatoria local y estimulación un proceso conocido como mecanotransducción.

Existen diferentes tecnologías:Las ondas radiales distribuyen su energía de manera más superficial y dispersa, mientras que las ondas focales permiten concentrarla a mayor profundidad en una zona determinada. 

La elección entre una modalidad y otra debe depender de la estructura que se desea tratar, su profundidad, el diagnóstico y los objetivos terapéuticos.

Infiltraciones: qué son y qué esperar realmente

Las infiltraciones articulares son procedimientos mínimamente invasivos que permiten administrar un tratamiento directamente en la articulación o en la estructura musculoesquelética que necesita ser tratada. Cuando existe una indicación adecuada, pueden ser una herramienta útil para disminuir el dolor, estimular la producción de colageno,mejorar la función ayudando a estabilizr las articulaciones y facilitar la recuperación del movimiento.

Una de sus principales ventajas es precisamente la posibilidad de actuar de forma localizada. Además, cuando el procedimiento se realiza guiado por ultrasonido, el médico puede visualizar en tiempo real la articulación, el tendón o la estructura que se desea tratar y dirigir la aguja con mayor precisión.

Según los objetivos se pueden infiltrar diferenctes terapias como corticoides, ácido hialurónico,plasma rico en plaquetas (PRP), celulas madre, entre otras, su elección dependera del diagnóstico, tiempo de evolución, articulación afectada,  grado de lesión, síntomas y  condiciones patologicas de  cada paciente.

Terapias biológicas y regenerativas: nuevas herramientas para el tratamiento articular

En los últimos años, las terapias biológicas y regenerativas han abierto nuevas posibilidades para el tratamiento de algunas lesiones musculoesqueléticas y enfermedades articulares. Su objetivo va más allá de proporcionar un alivio inmediato del dolor: buscan modular el entorno biológico de los tejidos y favorecer condiciones que puedan contribuir a una mejor recuperación y función.

Sin embargo, hablar de medicina regenerativa requiere expectativas realistas. No existe actualmente una terapia inyectable capaz de garantizar la regeneración completa de una articulación dañada, y los resultados dependen del diagnóstico, el grado de lesión, las características del paciente y el producto utilizado.

Por eso, estas terapias deben considerarse como parte de una estrategia integral y no como una solución universal ni como sustituto automático de una cirugía cuando esta está claramente indicada.

Plasma rico en plaquetas (PRP): una de las opciones biológicas más estudiadas

El plasma rico en plaquetas (PRP) se obtiene a partir de la propia sangre del paciente y concentra plaquetas y diferentes moléculas bioactivas relacionadas con la comunicación celular, la modulación de la inflamación y los procesos de reparación tisular.

En la artrosis de rodilla leve a moderada, múltiples ensayos clínicos y metaanálisis muestran que el PRP puede disminuir el dolor y mejorar la función en determinados pacientes, con beneficios que pueden mantenerse durante varios meses.

Actualmente es una de las terapias biológicas intraarticulares con mayor cantidad de investigación clínica. Sin embargo, los resultados pueden variar porque no todos los PRP son iguales: existen diferencias en la concentración de plaquetas, presencia de leucocitos, método de preparación y protocolo de aplicación.

Por ello, el PRP debe entenderse principalmente como una herramienta para mejorar síntomas y función, sin afirmar que reconstruye de manera predecible el cartílago perdido.

Proloterapia: estimular una respuesta biológica local

La proloterapia con dextrosa es una técnica de medicina intervencionista que consiste en aplicar soluciones de dextrosa, generalmente en concentraciones superiores a las fisiológicas, dentro de una articulación o alrededor de determinadas estructuras musculoesqueléticas.

Se ha estudiado principalmente en diferentes condiciones de dolor musculoesquelético crónico y, de manera particular, en la artrosis de rodilla.

Los estudios experimentales han propuesto diferentes efectos, entre ellos:

  • Activación de mecanismos de mecanotransducción y señalización celular;
  • modulación de la respuesta inflamatoria local;
  • Estimulación de fibroblastos y procesos relacionados con la síntesis y remodelación de la matriz extracelular;
  • Cambios en la producción de determinados factores de crecimiento;
  • Posibles efectos sobre la señalización de nociceptores y mecanismos relacionados con el dolor.

Algunos modelos animales han mostrado proliferación de fibroblastos, mayor depósito de colágeno y cambios en propiedades mecánicas de tendones y ligamentos después de la exposición a dextrosa. 

Uno de los ensayos clínicos clásicos comparó proloterapia con dextrosa, infiltraciones con solución salina y ejercicio domiciliario. A las 52 semanas, el grupo tratado con dextrosa presentó una mejoría mayor en la puntuación WOMAC que los grupos de comparación.

Posteriormente, otros ensayos y revisiones sistemáticas han encontrado resultados favorables, aunque no todos los estudios muestran la misma magnitud de beneficio.

Células mesenquimales: una alternativa prometedora, pero todavía en evolución

Las terapias basadas en células estromales o células madre mesenquimales (MSC) representan una de las áreas de mayor investigación dentro de la medicina regenerativa musculoesquelética.

Su posible beneficio parece estar relacionado principalmente con sus propiedades paracrinas, inmunomoduladoras y de señalización celular, más que con la idea simplificada de que las células inyectadas se convierten directamente en cartílago nuevo.

La investigación reciente en artrosis de rodilla es prometedora. Algunos ensayos clínicos y metaanálisis han encontrado mejorías en dolor y función durante los meses posteriores al tratamiento.

El objetivo no es evitar la cirugía: es elegir el tratamiento correcto

La medicina musculoesquelética moderna no debería dividirse entre tratamientos “conservadores” y cirugía como si fueran opciones enfrentadas.

Ejercicio, fisioterapia, medicamentos, infiltraciones, terapias biológicas y cirugía son herramientas diferentes para problemas y momentos diferentes.

Un buen tratamiento es aquel que permite utilizar la opción adecuada, para el paciente adecuado y en el momento adecuado.

A veces eso significa rehabilitación, otras veces, una infiltración y cuando existe una indicación quirúrgica clara, la cirugía también puede formar parte del camino hacia la recuperación.

El tratamiento es una escalera, no un salto

La escalera terapéutica del dolor articular tiene una lógica clara: se empieza por lo menos invasivo y se avanza en función de la respuesta. Saltarse pasos no acelera la recuperación; en la mayoría de los casos, la complica. Y el punto de partida, antes de cualquier tratamiento del dolor articular, sigue siendo el mismo: entender qué está causando el problema.

Si llevas tiempo conviviendo con dolor articular sin que nada termine de resolverlo, lo más probable es que el problema no esté en la falta de tratamientos disponibles, sino en que todavía no se ha identificado la causa real. Una evaluación especializada que vaya a la raíz del problema, y no a la superficie, es el inicio de cualquier plan de manejo del dolor articular con verdaderas probabilidades de funcionar. 

En Olympia, el tratamiento del dolor articular comienza con una valoración que integra ecografía musculoesquelética y revisión médica orientadas a identificar la causa real del problemael. El equipo multidisciplinar, con especialistas en medicina deportiva, traumatología y rehabilitación, determina qué nivel de intervención es adecuado para cada paciente antes de proponer cualquier terapia. Ese proceso de evaluación permite diseñar un plan con verdaderas probabilidades de funcionar. En Olympia, el protocolo de trabajo parte de identificar la causa raíz antes de proponer cualquier intervención.

Proloterapia para el dolor crónico: guía  completa

Proloterapia para el dolor crónico: guía completa

Llevas meses con dolor en la rodilla o en la zona lumbar. Has probado el antiinflamatorio, has ido al  fisioterapeuta y alguien, tu médico o un conocido del gimnasio, te ha mencionado la proloterapia. Buscas  información y encuentras de todo: promesas de recuperación sin cirugía, testimonios entusiastas y,  también, voces que la descartan como una moda. La pregunta real es si detrás de esas inyecciones de  dextrosa hay evidencia clínica sólida o simplemente un efecto placebo bien vendido. 

La respuesta, como casi siempre en medicina, no es simple. En centros especializados de medicina  deportiva, la proloterapia forma parte de un plan terapéutico más amplio: no se aplica sin antes  identificar la causa raíz del problema mediante historia clínica, exploración física y diagnóstico por  imagen. Esa diferencia, entre prescribir una infiltración de forma rutinaria o integrarla en un protocolo,  determina quién se beneficia de verdad y quién desperdicia tiempo y dinero. 

En este artículo encontrarás qué es la proloterapia articular y cómo actúa sobre el tejido dañado, en qué  lesiones tiene respaldo científico real, cómo es el protocolo habitual, qué riesgos existen, cómo se  compara con el PRP o los corticoides y cuándo tiene sentido pedir una valoración especializada.

Qué es la proloterapia y cómo actúa sobre el tejido dañado

La lógica detrás del estímulo inflamatorio controlado

La proloterapia (o terapia proliferativa) parte de un principio biológico contraintuitivo: para reparar un  tejido debilitado, primero hay que provocar una respuesta inflamatoria controlada. La inyección de una  solución irritante en el tejido diana activa la proliferación de fibroblastos y estimula la síntesis de nuevo  colágeno. El resultado es un refuerzo progresivo de ligamentos, tendones y cápsulas articulares que han  perdido resistencia por desgaste o por una lesión que nunca cicatrizó bien. De ahí viene el nombre: lo que  se busca es regenerar, no solo anestesiar. 

Este mecanismo explica por qué la proloterapia no actúa como un corticoide. No suprime la inflamación;  la usa como herramienta de reparación. Por eso, en las primeras 24 a 72 horas tras cada sesión, el dolor  puede aumentar antes de mejorar: esa reacción local indica que el proceso está en marcha.

Qué se inyecta y dónde

La sustancia más estudiada y utilizada es la dextrosa hipertónica. Las concentraciones varían según la  indicación y el protocolo: para inyecciones intraarticulares en artrosis de rodilla, la mayoría de los  ensayos clínicos aleatorizados más recientes utilizan dextrosa al 25%, que es la concentración mejor 

documentada en esta indicación; algunas investigaciones aisladas han empleado hasta el 50%, aunque  no representa el estándar habitual. En aplicaciones periarticulares o en entesis, las concentraciones  suelen situarse en torno al 12,5%-15%. Con frecuencia se combina con un anestésico local para mejorar  la tolerancia, aunque el uso de este varía según el protocolo y el criterio del especialista. 

La guía ecográfica es altamente recomendable antes de cualquier infiltración. La ecografía  musculoesquelética permite dirigir la aguja con precisión, evaluar el estado real del tejido y evitar que la  solución llegue a un punto subóptimo. Sin esa guía, el procedimiento pierde precisión y seguridad.

En qué lesiones tiene respaldo científico real

Artrosis de rodilla: la indicación con más evidencia

En artrosis de rodilla, la proloterapia con dextrosa cuenta con el respaldo de una revisión sistemática con  metaanálisis publicada en 2016 y varios ensayos clínicos aleatorizados posteriores, entre ellos los de Sit  et al. (2020), Sert et al. (2019) y Teymouri et al. (2025). Los resultados muestran reducción del dolor,  mejoría funcional y mejor calidad de vida medida con escalas como el WOMAC, con tamaños del efecto  clínicamente relevantes en la mayoría de las revisiones. Con todo, los propios autores señalan  heterogeneidad metodológica y calidad limitada en varios de esos estudios, por lo que la certeza de la  evidencia se considera moderada y se piden investigaciones de mayor rigor antes de establecer  recomendaciones firmes. 

Lo que sí está claro es que, en artrosis leve o moderada que no responde a medidas conservadoras, la  proloterapia es una opción con base científica real. No es un tratamiento experimental de reputación  dudosa, pero tampoco puede presentarse como una solución definitiva mientras la investigación siga  madurando.

Tendinopatías, entesopatías y lumbalgia crónica

En tendinopatías crónicas como la epicondilalgia lateral, la fascitis plantar o la tendinopatía aquílea,  existe evidencia clínica favorable, aunque heterogénea. Los protocolos habituales contemplan entre 3 y 6  sesiones separadas por 3 a 6 semanas, con resultados positivos en dolor y función en la mayoría de los  estudios disponibles. No hay unanimidad total, pero tampoco hay base para descartar su uso en estas  indicaciones. 

El caso de la lumbalgia crónica es diferente y conviene ser directo: el ensayo de Maniquis-Smigel et al.  (2017), que comparó dextrosa al 5% frente a solución salina, no encontró diferencias estadísticamente  significativas entre grupos. La revisión Cochrane concluye que la proloterapia no es eficaz como  tratamiento aislado para el dolor lumbar crónico, aunque podría tener utilidad como complemento del  ejercicio terapéutico o la manipulación. Si alguien promete que la proloterapia va a resolver una lumbalgia  por sí sola, eso no está respaldado por la ciencia actual.

Cómo es el protocolo habitual de tratamiento

Sesiones, concentraciones y frecuencia entre inyecciones

En artrosis de rodilla, los protocolos más habituales utilizan dextrosa al 25% en inyecciones  intraarticulares o periarticulares, con sesiones mensuales durante al menos 3 ciclos. Algunos protocolos  llegan a 6 sesiones dependiendo de la gravedad del cuadro y la respuesta clínica del paciente. El intervalo  de 3 a 4 semanas entre sesiones responde a una lógica biológica: el tejido necesita tiempo para procesar  el estímulo regenerador antes de recibir una nueva dosis, según los protocolos clínicos publicados en los  principales ensayos de referencia. 

En tendinopatías como la aquílea o la epicondilalgia lateral, el esquema más común contempla entre 3 y  4 sesiones iniciales, también espaciadas varias semanas entre sí. El número exacto de sesiones no es  fijo: depende de la evolución clínica, la gravedad de la lesión y el criterio del especialista que lleva el  caso. Un protocolo que prometa resultados con un número predeterminado de sesiones sin conocer el  historial del paciente merece cautela.

Qué ocurre durante y después de cada sesión

El procedimiento tiene una duración aproximada de 15 a 30 minutos, aunque puede variar según la  técnica empleada y el número de zonas a tratar. Durante la inyección hay dolor local, generalmente  tolerable, que se reduce con el anestésico local que suele acompañar a la dextrosa. En las 24 a 72 horas  siguientes es habitual notar mayor dolor e inflamación en la zona tratada; no es una complicación, sino  parte del mecanismo terapéutico esperado. 

Durante ese período de reacción, algunos protocolos clínicos aconsejan limitar el uso de  antiinflamatorios no esteroideos, ya que podrían reducir la respuesta inflamatoria que se busca provocar;  conviene consultar con el especialista las indicaciones concretas para cada caso. La actividad normal  puede retomarse en pocos días, aunque cada situación tiene sus propias pautas de reposo relativo según  la articulación tratada.

Efectos secundarios, riesgos y contraindicaciones

Lo que ocurre con más frecuencia y lo que es excepcional

Los efectos adversos más habituales son dolor e inflamación local (esperados y transitorios), fatiga y  cefalea leve. Estos síntomas forman parte de la respuesta biológica al tratamiento y remiten en pocos  días. Los eventos graves, como infección local, artritis séptica o daño nervioso, son excepcionales pero  están documentados en la literatura clínica.

Un dato relevante: la infranotificación de efectos adversos en ensayos clínicos es un problema  reconocido en este campo. Los estudios disponibles probablemente subestiman la frecuencia real de  algunas reacciones, lo que dificulta ofrecer porcentajes precisos. Esto no significa que la proloterapia sea  peligrosa, sino que debe tomarse en serio y realizarse siempre en un entorno médico supervisado.

Cuándo la proloterapia no está indicada

Hay situaciones en las que este tratamiento no debe aplicarse:

  • Infección local activa en el punto de punción, celulitis o absceso
  • Infección sistémica o artritis séptica
  • Artritis gotosa aguda o cuadros inflamatorios agudos similares
  • Coagulopatía o anticoagulación sin control médico adecuado
  • Alergia conocida a los componentes inyectados

La inmunosupresión y la diabetes no son contraindicaciones absolutas, pero sí requieren valoración  individualizada antes de proceder. Ninguna de estas situaciones puede evaluarse sin una consulta  médica previa.

Proloterapia frente a PRP, corticoides y fisioterapia

Qué dura más y qué actúa antes

Los corticoides ofrecen el alivio más rápido: en pocos días reducen el dolor de forma notable. Sin  embargo, su eficacia cae a medio plazo y el uso repetido tiene efectos negativos sobre el tejido articular.  Son útiles para situaciones concretas, una competición próxima, una crisis de dolor aguda, pero no son  una solución regenerativa. 

El PRP muestra resultados más consistentes en lesiones degenerativas, con mejoría sostenida hasta los  12 meses en algunos estudios. En artrosis de rodilla, la evidencia disponible tiende a favorecer el PRP  frente a la proloterapia con dextrosa en términos de dolor y función, aunque la diferencia entre ambas  opciones no es tan amplia como en ocasiones se afirma y los perfiles de cada paciente pueden inclinar la  balanza en uno u otro sentido. La proloterapia ocupa un lugar específico: es una alternativa regenerativa  válida cuando el PRP no está disponible, cuando existen limitaciones económicas o cuando el objetivo  prioritario es consolidar la estabilidad articular a largo plazo.

Cuándo tiene sentido elegir cada opción

La fisioterapia sigue siendo la base terapéutica en la mayoría de los cuadros musculoesqueléticos. La proloterapia se plantea como complemento o alternativa cuando el tratamiento conservador ha fallado  tras varios meses, no como primera respuesta. Si la prioridad es un alivio inmediato, el corticoide tiene  más sentido a corto plazo. Si el diagnóstico apunta a inestabilidad ligamentaria, entesopatía crónica o artrosis leve o moderada, la proloterapia o el PRP son opciones más adecuadas para un efecto más  duradero. La elección depende del diagnóstico exacto, del perfil del paciente y de los objetivos de cada  caso.

Cuándo consultar a un especialista y cómo saber si eres  candidato

Las señales de que podrías beneficiarte

El perfil del paciente que suele responder mejor a la proloterapia es bastante específico: dolor articular o  tendinoso crónico de más de 3 a 6 meses de evolución que no ha mejorado con fisioterapia ni con  antiinflamatorios, sin contraindicaciones para procedimientos invasivos y con un diagnóstico claro de  laxitud ligamentaria, entesopatía o artrosis leve o moderada. El candidato ideal es quien ha pasado por  una valoración completa que descarte causas inflamatorias activas o indicación quirúrgica. Si llevas  meses con dolor que no cede y aún no tienes un diagnóstico preciso, ese diagnóstico es el primer paso  antes de valorar cualquier infiltración.

Lo que debe incluir una valoración médica seria antes de la primera  sesión

Una evaluación rigurosa antes de empezar incluye historia clínica detallada, exploración física, valoración  por imagen (ecografía musculoesquelética o resonancia magnética si el cuadro lo requiere) y, en algunos  casos, pruebas de laboratorio para descartar contraindicaciones. En Olympia, Medicina Integral del  Deporte, ese proceso multidisciplinar es la norma: la proloterapia no se prescribe como primera  respuesta, sino como parte de un plan donde también entran rehabilitación física, nutrición deportiva y  seguimiento clínico continuado. El objetivo es tratar la causa real del problema, no repetir infiltraciones  sin un criterio claro. 

Si llevas tiempo con dolor articular que no remite y ya te han mencionado la proloterapia, el siguiente  paso es una valoración con un especialista en medicina deportiva que confirme si eres buen candidato,  qué protocolo tiene más sentido para tu caso concreto y qué más necesitas para recuperarte de verdad.  Consulta con un especialista antes de tomar ninguna decisión.

Lo que debes llevarte de esta lectura

La proloterapia articular tiene evidencia real en artrosis de rodilla y en algunas tendinopatías crónicas. No es una moda de infiltraciones sin base científica, pero tampoco es la solución universal que a veces se  presenta. Su eficacia depende del diagnóstico, la concentración empleada, el protocolo aplicado y la  idoneidad del paciente. En lumbalgia crónica como tratamiento aislado, la evidencia no la respalda. 

Frente al PRP, los corticoides o la fisioterapia, la proloterapia ocupa un lugar concreto en el arsenal  terapéutico: no es superior en todos los casos ni inferior en todos los escenarios. Lo que sí es cierto es  que el contexto en el que se aplica determina su resultado. Una infiltración bien indicada, guiada por  imagen y dentro de un plan de tratamiento completo, tiene mucho más valor que la misma infiltración  realizada sin diagnóstico previo. 

Antes de decidir si es la opción adecuada para ti, hace falta un especialista que evalúe la causa real de tu  dolor, no solo el síntoma. En Olympia, Medicina Integral del Deporte, ese es precisamente el punto de  partida.

Mujeres y Entrenamiento con Pesas

Mujeres y Entrenamiento con Pesas

El ejercicio físico es cualquier movimiento corporal que gasta energía y el cual mejora y mantiene la salud. A pesar de su recomendación persistente en toda la población el porcentaje de mujeres que realizan ejercicio en el mundo es mucho menor a comparación de los hombres. En México alrededor de un 48% de hombres hacen alguna actividad física mientras que solo un 35% de mujeres lo hacen.

El ejercicio es beneficioso para todas las personas, aumenta la autoestima, ayuda con el estrés, controla el peso y ayuda a prevenir enfermedades crónicas. En el caso de las mujeres también hay una mayor mineralización de los huesos disminuyendo el riesgo de osteoporosis, realizar una actividad física reduce el riesgo medio de cáncer de mama un 25%, mejora la postura, y en mujeres embarazadas ayuda a prevenir la diabetes gestacional.

Los deportes más realizados por mujeres son natación, ciclismo, gimnasia, voleibol, y fútbol. Los ejercicios aérobicos son usualmente los más preferidos y practicados en instalaciones de gimnasios, en comparación con ejercicios de fuerza. Esto se debe al mito que se ha incorporado en la comunidad sobre el ¨desarrollo muscular¨ al entrenar con pesas en la mujer.

El entrenamiento de fuerza es necesario para tonificar los músculos, reducir la grasa corporal, prevenir lesiones y la osteoporosis y para obtener resultados estéticos. Es importante mencionar que en el caso de las mujeres, la diferencia hormonal a comparación de los hombres, previene el crecimiento excesivo de los músculos.

Para obtener mejores resultados es indispensable la combinación de ejercicios, tanto aérobicos como de fuerzas y no enfocarse en una solo rutina diaria, ya que usualmente el mismo temor de la masculinización impide que el entrenamiento sea apto para los cambios que se deseen. Para mujeres la dosis óptima de actividad física cambia de persona en persona, mayormente se ha recomendado realizar al menos 150 minutos por semana, con un mínimo de dos días a la semana no consecutivos de ejercicios de fortalecimiento. Recuerda que antes de comenzar algún deporte o actividad física es indispensable acudir con tu médico del deporte para asesoramiento y revisión general para prevenir alguna lesión o complicación.

Ejercicio físico en el paciente asmático

Ejercicio físico en el paciente asmático

El asma es una enfermedad crónica del aparato respiratorio caracterizada por inflamación y espasmo reversible de los bronquios.
Acorde a la OMS se estima que aproximadamente existen 230 millones de pacientes con asma en el mundo, siendo más frecuente en niños. En México hasta un 12% de la población padece esta enfermedad. 

Los factores de riesgo para desarrollar asma son varios, entre ellos se encuentran: antecedentes familiares, infecciones respiratorias y presentación de alergias frecuentes durante la infancia, nacer prematuro, tabaquismo, vivir en áreas altamente industrializadas, y la obesidad.

Los detonantes más comunes de una crisis asmática son los ácaros de polvo o moho, la presencia de mascotas en casa como perros o gatos, la contaminación, el ejercicio y  el clima frío.


Los mecanismos principales presentes en la limitación del flujo aéreo son a causa de una hiperrespuesta bronquial ante diferentes estímulos de los agentes desencadenantes ya mencionados los cuales activan una cadena inflamatoria, estos mecanismos son la contracción del músculo liso bronquial, engrosamiento de la pared bronquial (a causa de edema) y la hipersecreción de moco en la luz bronquial; lo cual ocasiona disnea (dificultad para respirar), sensación de opresión en el pecho, tos y sibilancias (silbido al respirar).

Si bien el ejercicio puede generar un ataque de asma, también llamado broncoconstricción inducida por el ejercicio, no está contraindicado que se ejerza alguna actividad física. Al hacer ejercicio mejora la tolerancia de la demanda ventilatoria y aumenta la capacidad aeróbica. Mejora la condición física y disminuye las crisis causadas por el esfuerzo físico, al igual que ayuda con el peso corporal y el sistema inmunológico (el cual es importante para evitar detonantes).

Es importante mencionar que el tratamiento de cada persona es individual y personalizado dependiendo en el estadio que se encuentre en la enfermedad. Por lo cual su tratamiento farmacológico establecido debe ser el adecuado para controlar síntomas que se puedan presentar durante la actividad física.

Principalmente se recomiendan ejercicios aeróbicos y en caso de deportes elegir los que impliquen realizar esfuerzos de corta duración o intensidad como yoga, gimnasia o natación. La natación es uno de los deportes mas recomendados ya que el respirar el vapor del agua en el caso de picinas calefaccionadas ayuda mucho a que se prevenga el asma inducida por el ejercicio, de igual manera es importante mencionar que el clima a la hora de la practica deportiva es importante, siendo contraindicados los ambientes secos.

Los deportes que implican mayor esfuerzo como carreras largas, fútbol etc. no se descartan en el paciente, sin embargo antes de comenzar cualquier actividad no solo se debe acudir con el especialista para un tratamiento dirigido, también se debe acudir con el médico del deporte para un plan de ejercicio adecuado a las necesidades específicas de la persona. Dentro de las pruebas que se pueden realizar ademas de una evaluación cardiopulmonar y metabolica completa son la espirometria para la medición de las capacidades pullmonares y las purebas de test de espasmo en donde se simula la situación de estrés que induce al espasmo bronquial y se contraresta en el momento.

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Ejercicio y la Salud Mental

Ejercicio y la Salud Mental

El ejercicio físico se refiere a cualquier serie de movimientos realizados por los músculos de nuestro cuerpo que genera un gasto de energía. Las actividades que se pueden hacer son desde caminar, bailar, correr, o andar en bicicleta; no necesariamente se requiere de un deporte para estar activos.

Los beneficios del ejercicio son múltiples. Debemos de tomar en cuenta que un gran numero de los padecimientos no transmisibles que nos aquejan como sociedad son por la hipocinesia (poca movilidad). Hemos mencionado con anterioridad la importancia de mantener una rutina física cotidiana para mejorar la salud, cuidar el peso corporal, aumentar la fuerza muscular, disminuir riesgo de enfermedades crónicas y cáncer. Sin embargo, también se ha comprobado que uno de los mayores beneficios es su efecto sobre la salud mental.

Puede ayudar a aminar los síntomas de enfermedades como ansiedad y depresión, además de favorecer a la disminución de estrés, mejora el sueño, la autoestima y el estado de ánimo.

Los mecanismos implicados son la activación de neurotransmisores durante la actividad física, tal como la serotonina, dopamina, y endorfinas. Los cuales se relacionan con la felicidad, bienestar y sensación de placer. Al igual que el aumento de la circulación sanguínea en el cerebro tras el ejercicio y su influencia en el eje hipotalámico-pituitario-adrenal, sistema límbico (que controla la motivación y estado de ánimo), y la amígdala.
Otra explicación de los beneficios es la sensación de autoeficacia que emite el ejercicio en la persona, la distracción e interacción social que salir a realizar una actividad física conlleva.

Los ejercicios aeróbicos han demostrado tener mayor impacto en personas que padecen depresión, sus beneficios son evidentes y han sido comprobados con estudios. Realizar 30 minutos de actividad física de moderada intensidad al menos 5 veces por semana es suficiente para comenzar a presentar cambios en el estado ánimo.

El ejercicio es el antidepresivo mejor antidepresivo que existe y a la vez el menos usado. El ejercicio se debe prescribir como un medicamento, para hacerlo correctamente los médicos del deporte contemplamos diferentes factores dependiendo de las necesidadeds de cada paciente:

  1. Tipo de ejercicio: Aeróbico, anaeróbico o mixto
  2. Duración por sesión: Minutos, km o laps
  3. Numero de sesiones al día o por semana.
  4. Intensidad: Leve, moderado o intenso.

Ejemplo: Denisse realiza entrenamiento de Karate el cual es un deporte mixto con predominio anaeróbico, cada sesión es de 60 mins y acude al dojo 2 sesiones por semana en donde practica con intensidad moderada. Pero complementa su ejercicio saliendo a correr (aeróbico) de forma continua por 30 mins, 3 veces por semana a una intensidad moderada.

A la suma de estos deportes se le conoce como volumen y va a ser importante para calcular el gasto de energía semana por ejercicio así como los tiempos de recuperación y descanso a fin de prevenir lesiones.

Para saber mas de como practica tu deporte o como mejorar tu rendimiento deportivo visita a tu medico del deporte.

El ejercicio y el sistema inmune

El ejercicio y el sistema inmune

El ejercicio es una actividad física y repetitiva realizada por los músculos que requiere un gasto de energía. Los beneficios de este son reducir la presión arterial, disminuye el riesgo de ciertos cánceres, ayuda con la salud ósea, apoya a un control de peso saludable y mantiene el sistema inmune.

El sistema inmunitario en el cuerpo es nuestra defensa contra infecciones, principalmente conformado por glóbulos blancos o también conocidos como leucocitos. Al encontrarse un cuerpo extraño en nuestro sistema (virus, bacteria, parasito etc.) este crea una cascada de reacciones para identificar y remover el antígeno de nuestro organismo.

Realizar ejercicio rutinariamente reduce el riesgo de adquirir infecciones a comparación de las personas sedentarias. La actividad física realiza breves elevaciones de la temperatura corporal lo que detiene o desciende el crecimiento bacteriano en nuestro sistema, ayuda más fácilmente a eliminar cuerpos extraños de nuestro sistema respiratorio, y disminuye niveles de catecolaminas y cortisol que generan inmunosupresión.

Es importante recordar que el ejercicio favorece a todas las edades y no solo a un grupo de población especifico. Es uno de los mejores métodos de prevención contra enfermedades. No existe una dosificación exacta de ejercicio que se debe realizar para fortalecer el sistema inmune, sin embargo, se recomienda hacer por lo menos 45 minutos de ejercicio aeróbico de moderada intensidad y adultos mayores al menos 150 minutos a la semana de la misma intensidad, acompañado de ejercicios de fortalecimiento ya sea con ejercicios usando el mismo peso corporal o aparatos de gimnasio.